Richarlison lo dijo con toda la seriedad del mundo antes de Qatar 2022: nada de teléfono, nada de redes, enfoque total en el Mundial. La declaración lo convirtió en ejemplo de compromiso deportivo y le dio algo de mística de guerrero. Hoy, con el Mundial 2026 de Canadá, México y Estados Unidos a semanas de arrancar, su presencia en la selección de Brasil no está ni cerca de ser un hecho — y aquella promesa resuena diferente.
La promesa que lo hizo viral antes de Qatar
En octubre de 2022, pocas semanas antes de que Brasil viajara a Qatar, Richarlison le dijo a la prensa que no llevaría su celular al torneo. Su argumento era simple: las redes sociales distraen, los comentarios negativos afectan el rendimiento y un Mundial no es el lugar para estar pendiente del feed. La declaración circuló en medios de todo el mundo y lo posicionó como el futbolista que entiende lo que cuesta ganar.
El gesto tuvo su recompensa narrativa: en Qatar, Richarlison anotó tres goles, incluyendo una chilena acrobática contra Serbia que fue nominada al Premio Puskás de la FIFA como el mejor gol del año. Brasil quedó eliminado en cuartos de final ante Croacia, pero él salió del torneo con crédito deportivo intacto. El sacrificio del celular, al menos en la historia que la prensa contó, había valido la pena. cómo fue la eliminación de Brasil en Qatar 2022
El Mundial 2026 y la incertidumbre real
Aquí viene el contraste que le da sabor al asunto: la Copa Mundial FIFA 2026 — que se juega entre junio y julio en México, Estados Unidos y Canadá — aún no tiene convocatorias oficiales anunciadas por ninguna selección, incluida la brasileña. Ningún jugador tiene su lugar confirmado. La versión que circula en redes de que Richarlison fue ‘excluido oficialmente’ de la plantilla de Brasil es desinformación — no hay lista publicada todavía.
Lo que sí existe es una pregunta legítima sobre su momento en el Tottenham Hotspur, donde ha tenido una temporada irregular marcada por lesiones y poco protagonismo en la Premier League. Para un delantero de selección, el ritmo de club importa: los entrenadores de selección observan quién llega caliente y quién llega oxidado. El técnico de Brasil tiene opciones de sobra en el ataque, y Richarlison deberá ganarse su boleto igual que todos.
La ironía no necesita exageración: el jugador que prometió el máximo sacrificio de la era digital para llegar al Mundial llega al siguiente con más dudas que certezas sobre su propio rendimiento. El teléfono no era el problema.
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