Andy Carroll, el delantero que en enero de 2011 llegó al Liverpool como el fichaje más caro de su historia, reveló en su autobiografía que fue agredido sexualmente en 2021 mientras dormía en su propia casa durante su segunda etapa en el Newcastle. El agresor, un amigo de su expareja, recibió una condena de tres años de prisión — lo que significa que ya está en libertad. Carroll lo mantuvo en silencio durante años y decidió contarlo ‘en el último momento’, tras consultarlo con su pareja actual.
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Lo que pasó aquella noche en su casa del Newcastle
El episodio ocurrió mientras la expareja de Andy Carroll estaba de viaje. Un amigo de ella se había quedado en la casa para ver un combate de boxeo. Carroll estaba dormido cuando sucedió la agresión. Al despertar, lo echó de su casa — y antes de que saliera, lo dejó inconsciente.

Durante años, solo unas pocas personas cercanas lo sabían. Ni siquiera su editor lo supo de inmediato: Carroll admite en el libro que evitó tanto esas conversaciones que probablemente sospecharon que se había acobardado. Fue su pareja actual, Lou, quien finalmente lo convenció de incluirlo. «Da miedo, incluso, pensarlo», escribe. «Lo que me pasó afectó a todos los aspectos de mi vida. Pensaba en ello a diario, lo que me dificultaba concentrarme en cualquier otra cosa… incluido el fútbol.»
Para entender el peso de esa frase hay que recordar que Andy Carroll llegó al Liverpool en 2011 con el cartel de reemplazo de Fernando Torres, fichado junto a Luis Suárez por una cifra récord. La presión ya era enorme antes de que cualquier otra cosa ocurriera. Que una agresión así haya convivido con los años más exigentes de su carrera es, cuando menos, algo que no suele contarse en el fútbol profesional.
Por qué decidió contarlo ahora
Andy Carroll no lanzó la autobiografía para ajustar cuentas con nadie. La tituló ‘Asumiéndolo’ y, en sus propias palabras, la razón de revelar la agresión es simple: «Si al hablar de ello consigo ayudar aunque sea a una sola persona, bien, habrá valido la pena.»
Hoy, Andy Carroll juega y es copropietario del Dagenham & Redbridge, equipo de la Sexta División inglesa — un mundo muy distinto al de los grandes estadios del Liverpool o el West Ham. Pero esa distancia, lejos de restarle peso a su historia, la hace más honesta. No hay imagen de estrella que proteger. Solo un hombre que decidió hablar cuando ya no le costaba nada el silencio. El trauma, dice, no ha desaparecido. Pero tampoco lo ha callado más.




