Hay derrotas que duelen y hay derrotas que obligan a hablar. La caída de la Selección Mexicana Femenil Sub-20 ante Argentina en la última jornada de la fase de grupos del Mundial de Polonia es de las segundas. No porque el marcador sea inapelable, sino porque el cómo sucedió abre una conversación que el futbol femenil mexicano no puede seguir aplazando.
Un partido que se vivió como montaña rusa
Deiry Ramírez fue la figura que mantuvo vivo el sueño. Su doblete le dio al Tri una ventaja que, durante varios minutos, parecía suficiente para avanzar. El equipo compitió, presionó y creyó. Eso no es menor cuando hablamos de jugadoras jóvenes enfrentando la presión de un torneo mundialista.
Pero Argentina no se rindió. La Albiceleste encontró la manera de remontar y, en el tiempo de compensación, Dolo Delgado firmó el 3-2 definitivo. Ese gol en el 90+2′ resume uno de los problemas más recurrentes del futbol mexicano en general: la dificultad para sostener resultados en los momentos de mayor tensión. No es un asunto de talento individual; es un tema de estructura, de mentalidad competitiva y de procesos de formación.
Por qué esta eliminación importa más allá del resultado
El Mundial Femenil Sub-20 no es solo un torneo juvenil. Es el escaparate donde se proyecta el futuro de una selección mayor que, en los últimos años, ha dado pasos importantes pero sigue buscando consolidarse en la élite global. Las jugadoras que compiten en Polonia son las que, en un ciclo de cuatro u ocho años, deberían estar peleando por clasificar a Juegos Olímpicos o llegar lejos en un Mundial absoluto.
Cuando ese proceso se corta en fase de grupos, las preguntas son inevitables:
- ¿Qué tan sólido es el trabajo de detección y desarrollo de talento femenil en México?
- ¿Las jugadoras jóvenes tienen las condiciones competitivas necesarias en sus clubes para llegar listas a este nivel?
- ¿El cuerpo técnico cuenta con el tiempo y los recursos para construir un proyecto real, o todo se improvisa de cara al torneo?
Ninguna de estas preguntas tiene respuesta fácil, pero todas merecen ser planteadas con seriedad.
El doblete de Deiry Ramírez: la luz en la oscuridad
En medio del dolor, hay algo que rescatar. Deiry Ramírez demostró que México tiene futbolistas con calidad para competir en este nivel. Anotar dos goles en un partido mundialista no es cualquier cosa, y su actuación debería ser el punto de partida de una conversación sobre cómo potenciar ese talento individual dentro de un sistema colectivo más robusto.
El futbol femenil mexicano ha avanzado, y negarlo sería injusto. La Liga MX Femenil existe, tiene visibilidad y ha generado referentes. Pero la brecha entre lo que se construye en el torneo local y lo que se exige en una competencia internacional sigue siendo evidente. Cerrarla requiere inversión, planificación y, sobre todo, continuidad.
El camino que sigue
La eliminación en Polonia duele precisamente porque había expectativa, porque el equipo mostró que podía competir y porque un gol en los últimos minutos puede cambiar todo. Esa es la naturaleza cruel del futbol. Pero el dolor no debería quedarse en lamento: debería convertirse en combustible para exigir un proceso más serio, más sostenido y más ambicioso para el futbol femenil mexicano en todas sus categorías.
Las jóvenes del Tri Sub-20 hicieron su parte. Ahora le toca a la estructura responder a la altura.



