El ecosistema digital ha vuelto a convertirse en un campo de batalla para las figuras públicas, y esta vez ha sido el veterano narrador de ESPN quien ha decidido poner un alto definitivo. Jorge Pietrasanta, una de las voces más reconocibles de la crónica deportiva en México, protagonizó un tenso episodio al estallar contra los usuarios de la red social X (anteriormente Twitter) tras recibir una oleada de ataques personales.
En un mundo donde el anonimato otorga una valentía artificial, el comentarista no se guardó nada y cuestionó la falta de respeto hacia una trayectoria de más de tres décadas en los medios de comunicación.
¿Qué dijo Jorge Pietrasanta?
El mensaje de Jorge Pietrasanta no solo es un desahogo personal, sino un síntoma de la fractura actual entre los comunicadores profesionales y una audiencia que, a menudo, confunde la libertad de expresión con la agresión sistemática.
La publicación de Jorge Pietrasanta fue directa al mentón. Con la misma contundencia con la que narra un gol en la Serie A, el comentarista escribió: «Esta red está tan llena de ignorantes y anónimos agresivos, que si yo opino de lo que sé y a lo que me he dedicado durante 35 años, me insultan y me amenazan, imagínense que exprese mi postura en otro tema, mismo que por cierto he estudiado y vivido durante años».
Estas palabras no nacen del vacío. Para quienes hemos vivido la transición del periodismo de «vieja escuela» a la inmediatez de las redes, la frustración de Pietrasanta es el pan de cada día. El comentarista pone el dedo en la llaga sobre un problema sistémico: la desvalorización del experto. En la era del algoritmo, la opinión de un profesional con 35 años de experiencia pesa lo mismo —o menos, si el ataque es viral— que el comentario de una cuenta anónima creada hace dos días.

Lo que más caló en el ánimo de Pietra fue la amenaza. Una cosa es el debate futbolero, el «pique» clásico sobre si fue penal o si un jugador es «inflado», pero otra muy distinta es el hostigamiento que escala a lo personal. Jorge, quien ha cubierto Copas del Mundo, Juegos Olímpicos y finales de Champions, subrayó que incluso en temas ajenos al deporte, donde posee formación y vivencias, prefiere callar antes de alimentar a una «jaula de leones» que no busca diálogo, sino destrucción.
Pietrasanta en el ojo del huracán
orge ha sido criticado frecuentemente por sus posturas, especialmente cuando se trata de defender a ciertos equipos o jugadores (es bien conocida su afinidad por las Chivas), pero su mensaje actual trasciende lo futbolístico. Es un reclamo a la civilidad. El hecho de que mencione que ha estudiado otros temas sugiere que Pietrasanta tiene inquietudes que van más allá del balón, pero siente que el «barrizal» de las redes sociales le impide compartirlas.
El estallido de Jorge Pietrasanta nos obliga a hacernos una pregunta incómoda: ¿estamos presenciando el fin de la interacción sana entre periodistas y público? Si los expertos deciden dejar de opinar para proteger su salud mental o su seguridad, el espacio público será llenado exclusivamente por aquellos que gritan más fuerte, no por los que saben más.
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Jorge Pietrasanta ha puesto las cartas sobre la mesa. Ahora nos toca a nosotros, como audiencia y como colegas, decidir si queremos seguir alimentando ese «anonimato agresivo» o si vamos a empezar a valorar de nuevo a quienes han dedicado su vida a contarnos las historias del deporte. El micrófono sigue abierto, pero el respeto debe volver a la cancha.




