Baby Face, uno de los luchadores que construyeron la identidad de la lucha libre mexicana en sus años más brillantes, murió a los 79 años. Su nombre no era de marquesina en los últimos tiempos, pero su trayectoria habla de décadas arriba del encordado, de una generación que aprendió el oficio cuando no había red de protección ni fama instantánea. La lucha libre pierde a otro de los suyos, de los que ya quedan pocos.
Quién fue Baby Face y qué lo hizo legendario
Baby Face perteneció a esa generación de luchadores mexicanos que hicieron carrera desde 1970, siendo figura prominente en los años 70, 80 y 90, décadas en las que la lucha libre construyó gran parte de su identidad antes del gran auge televisivo. Su nombre artístico ya decía algo: el rostro de niño, la imagen de técnico limpio, el personaje que el público podía querer sin culpa. En una época donde los rudos se robaban la atención, los Baby Face del ring eran los que sostenían la narrativa.

Su trayectoria incluyó presentaciones en los grandes foros de la lucha libre nacional, entre ellos el Arena México y el Toreo de Cuatro Caminos, escenarios donde llegar al encordado equivalía a haber probado algo.
La lucha libre mexicana y sus muertes silenciosas
La muerte de Baby Face se suma a una lista que la afición conoce bien pero que los medios generales suelen ignorar: la de los luchadores que hicieron el piso para que las figuras de hoy tengan dónde pararse. No son los Blue Demon ni los El Santo, cuyas muertes pararon al país. Son los que llenaron funciones de martes en arenas de provincia, los que enseñaron llaves en gimnasios sin nombre, los que siguieron en el negocio cuando el negocio ya no los llamaba tanto.
A los 79 años, Baby Face sostuvo una carrera que el cuerpo cobra desde el primer entrenamiento, y eso ya dice algo de cómo llevó el oficio. La lucha libre mexicana rara vez se detiene a velar a sus muertos con la solemnidad que merecen, pero la afición sí recuerda, y en eso está el verdadero legado de figuras como él.
La historia del CM Punk en la lucha libre internacional muestra cómo el género puede cruzar fronteras, pero sus raíces siempre vuelven a estos nombres que sostuvieron la tradición desde adentro.
Lo que queda de Baby Face es lo que queda de todos ellos: el recuerdo de noches de arena llena, de una forma de entender el deporte-espectáculo que ya no se fabrica igual.




