Doce años. Veintitrés liguillas seguidas. Eso es lo que tardó la historia en alcanzar a Tigres UANL. Este torneo Apertura 2025, el conjunto regiomontano quedó matemáticamente fuera de la fase final del futbol mexicano, y con eso se cerró uno de los ciclos de consistencia más impresionantes que ha vivido la Liga MX en su era moderna.
No es un traspié menor. Es el fin de una era.
Lo que significaban esas 23 liguillas
Para entender el peso de lo que se rompió, hay que dimensionar lo que implica clasificar a liguilla de manera consecutiva durante doce años en un torneo tan parejo y competido como la Liga MX. Dos torneos por año, presión constante, cambios de entrenador, renovaciones de plantilla, lesiones, crisis y aun así, Tigres siempre encontraba la manera de estar en la pelea cuando más importaba.
Esa racha convirtió a los felinos en sinónimo de regularidad. Mientras otros clubes grandes vivían altibajos pronunciados, Tigres era una garantía: podías no saber quién iba a ganar el título, pero sí podías apostar a que los de la UANL estarían en el repechaje o en liguilla directa. Esa certeza, torneo tras torneo, construyó una identidad que hoy se fractura.
La racha también fue el marco perfecto para que el club viviera su época dorada: títulos de Liga MX, finales de CONCACAF Champions Cup, participación en el Mundial de Clubes. Todo eso ocurrió mientras la clasificación a liguilla era casi un trámite. Ahora, sin esa base, el club tendrá que reconstruir desde otro lugar.
¿Qué falló en este Apertura?
La semilla de cualquier eliminación no crece de un día para otro. Los torneos en México son cortos y despiadados: un arranque flojo puede condenar a cualquier equipo antes de que el calendario dé margen para reaccionar. Tigres no escapó a esa lógica.
Lo que sí es evidente es que la presión acumulada de mantener una racha tan larga tiene su propio costo. Los planteles se desgastan, las expectativas pesan y los rivales estudian cada vez mejor a los equipos que se vuelven predecibles en sus métodos. La Liga MX, además, ha nivelado su competitividad: hoy hay más clubes con recursos, proyectos sólidos y hambre de protagonismo que hace una década.
Ninguno de esos factores es excusa. Pero sí son el contexto en el que hay que leer esta caída.
El golpe y lo que viene
Para la afición felina, este Apertura dejará una marca. No porque Tigres no haya tenido malos torneos antes, sino porque esta vez la racha —ese escudo invisible que protegía al club de la eliminación anticipada— ya no está. La próxima vez que arranque un torneo, Tigres no llegará como el equipo que siempre clasifica. Llegará como uno más que tiene que ganarse su lugar.
Eso, paradójicamente, puede ser el inicio de algo. Los grandes clubes que han vivido caídas así suelen responder con reestructuraciones profundas: revisión del proyecto deportivo, decisiones sobre cuerpo técnico, movimientos en el mercado de fichajes. La pregunta que le queda a la directiva de la UANL es qué tan dispuesta está a hacer cambios reales y no solo cosméticos.
La racha de 23 liguillas fue extraordinaria. Su fin es un recordatorio de que en el futbol mexicano, ningún ciclo dura para siempre. Ahora Tigres tendrá que decidir qué quiere ser cuando ya no puede vivir de lo que fue.



