El futuro de Santiago Giménez en el AC Milan sigue sin resolverse. El FC Porto lanzó una primera oferta formal para llevarse al Bebote en préstamo con opción de compra, pero los Rossoneri la rechazaron de plano. Según Fabrizio Romano, el equipo italiano no está dispuesto a ceder así al delantero mexicano: quieren una venta real y recuperar algo de los 30 millones de euros que invirtieron en él.
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La oferta del Porto por Santiago Giménez que no convenció al Milan
La propuesta del Porto era un préstamo con opción de compra, pero con una condición que al Milan no le gustó nada: la obligación de hacerla efectiva dependía del rendimiento de Santiago Giménez. Si el Bebote llegaba a Portugal y se ponía a meter goles, la compra se volvía obligatoria. Si su temporada era discreta, el Porto simplemente lo devolvía. Para los italianos, ese esquema es inaceptable: ellos pusieron 30 millones de euros sobre la mesa cuando lo ficharon del Feyenoord, y no van a arriesgarse a recuperar solo una parte de esa inversión dependiendo de que el jugador tenga una buena racha.
El rechazo no cierra la puerta del todo. Desde el entorno del jugador y de ambos clubes se espera que el Porto vuelva con una oferta mejorada, aunque también existe la posibilidad de que aparezca un tercer equipo. Por ahora, el mercado de fichajes de verano sigue moviendo sus piezas y el Bebote es una de las más codiciadas de la Serie A.

El problema de fondo: Amorim y Gonçalo Ramos
El contexto detrás de todo esto es claro: con la llegada de Rubén Amorim al banquillo del Milan, el esquema que viene no tiene espacio garantizado para Santiago Giménez. El técnico portugués llegó con sus ideas y sus preferencias, y encima el club fichó a Gonçalo Ramos para reforzar la delantera. Con ese panorama, quedarse en Milán tiene muy poco sentido para el mexicano.
Santiago Giménez no es un jugador que aguante ser suplente callado. Su historial en el Feyenoord lo demostró: cuando tiene continuidad, hace goles. El problema es que el Milan necesita venderlo a buen precio para cuadrar sus cuentas, y el Porto llegó queriendo pagar lo mínimo posible asegurándose una salida si las cosas no funcionaban. Ese equilibrio de intereses todavía no existe, y mientras eso no cambie, el Bebote sigue en el limbo.




