Santiago Giménez lleva 225 minutos sobre el campo con la Selección Mexicana sin marcar un gol ni repartir una asistencia — un número que duele más cuando se recuerda que el último festejo fue en septiembre de 2025, en Nashville, frente a Corea del Sur. Desde entonces, ocho partidos con el combinado de Rafa Márquez y la misma historia: llegadas, errores, silencio. Expertos en psicología deportiva apuntan a que la causa podría tener nombre clínico: hipervigilancia cognitiva, un síntoma asociado a la ansiedad y al autoanálisis obsesivo.
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Qué es la hipervigilancia cognitiva y por qué puede paralizar a un goleador
La hipervigilancia cognitiva no es un diagnóstico exclusivo del deporte de élite, pero en un delantero centro puede ser devastadora. Marisol Díaz y Diego García, especialistas en salud mental deportiva consultados sobre el caso de Santiago Giménez, describen el cuadro como pensamientos acelerados y un análisis introspectivo obsesivo: el jugador no solo falla el gol, sino que lo revive, lo desmonta y lo anticipa antes de que llegue el siguiente balón. El resultado es un estado de alerta permanente que consume exactamente la energía mental que un 9 necesita para actuar por instinto.
Los síntomas que señalan los expertos incluyen estrés crónico, autoanálisis constante y una sensación continua de peligro o error inminente. Para un delantero cuyo trabajo es decidir en fracciones de segundo dentro del área, ese ruido interno puede ser tan letal como una lesión.

Los números que cuentan la historia de Santiago Giménez con la Selección
Cuatro amistosos en la última fecha FIFA — Colombia, Perú, Chile y Estados Unidos — y ni un gol. No es solo la sequía: en algunos de esos encuentros, Santiago Giménez protagonizó errores puntuales que pudieron convertirse en dianas a favor de México. La crítica llegó dura y rápida, algo que en un jugador con las características que describen los expertos, probablemente alimenta el ciclo.
El dato de contexto que cambia la lectura es que Santiago Giménez tampoco ha tenido continuidad para romper ese ciclo: lesiones lo alejaron de varios compromisos con el Porto y con la Selección, así que esos 225 minutos acumulados en ocho partidos son, en realidad, tiempo a cuentagotas. Poca presencia para recuperar confianza, suficiente para acumular presión.




