La Federación Mexicana de Futbol lleva semanas apoyando a Gianni Infantino mientras el resto del mundo futbolístico pide su salida de la FIFA. Ahora se sabe por qué: de acuerdo con el periodista Martín del Palacio, Infantino le habría prometido a la FMF gestionar el paso de México —Selección y Liga MX— de la Concacaf a la Conmebol. Es un intercambio político con consecuencias directas para el fútbol mexicano, y explica una guerra institucional que se venía cocinando desde hace años.
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El trato: apoyo político a cambio de un cambio de confederación
El presidente de la FMF, Mikel Arriola, no ha dudado en respaldar a Infantino incluso cuando figuras clave del fútbol mundial exigen un relevo inmediato en la FIFA. Hasta ahora, ese apoyo parecía inexplicable o, en el mejor de los casos, diplomático. La filtración de Del Palacio le da nombre y apellido al motivo: México quiere salir de Concacaf y Infantino sería el único con el poder institucional para hacerlo posible.
El movimiento no es solo simbólico. Competir en la Conmebol implicaría que la Selección Mexicana y los clubes de la Liga MX tendrían acceso a la Copa América de forma permanente, a la Copa Libertadores y Copa Sudamericana, y a un ecosistema competitivo con mayor nivel percibido que el que ofrece la Concacaf hoy. Los intereses económicos son igual de obvios: más audiencia, más patrocinadores sudamericanos y un posicionamiento regional completamente distinto.

La relación con Concacaf ya estaba rota antes de este acuerdo
La tensión entre la FMF y la Concacaf no es nueva ni discreta. Comenzó cuando la Selección de México y los clubes de Liga MX empezaron a buscar competencia sudamericana por su cuenta, y escalaó cuando la Concacaf maniobró activamente para impedirlo: ajustó calendarios, modificó reglamentos y encontró la manera de que ni el Tri ni los equipos mexicanos pudieran seguir participando en torneos de la Conmebol de manera regular.
El resultado fue una exclusión mutua que hoy es visible incluso en los comunicados oficiales: la FMF y la Concacaf se ignoran públicamente con una consistencia que no es accidental. México lleva tiempo sintiéndose grande para una confederación que históricamente ha girado en torno a sus intereses, y la Concacaf lleva tiempo queriendo dejar claro que el fútbol de la región no se reduce a lo que haga o deje de hacer la Liga MX.
En ese contexto, el acuerdo con Infantino no es una traición ideológica ni un capricho de Arriola: es la apuesta calculada de una federación que cree tener más futuro compitiendo con Argentina, Brasil y Colombia que con Honduras, Jamaica y Canadá. Si Infantino sobrevive, México habría apostado al caballo correcto. Si cae, la FMF queda expuesta como la única que lo defendió hasta el final.
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