El nombre de Gianni Infantino lleva años siendo sinónimo de poder en el fútbol mundial. Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, ese poder tiene una fecha de caducidad que él mismo disputa. Ex directivos de gobernanza de la FIFA han levantado la mano para señalar algo que, según ellos, los estatutos del organismo dicen con toda claridad: Infantino ya alcanzó el límite de tres mandatos y no puede buscar la reelección en 2027.
El origen del límite: la herencia del FIFAGate
Para entender el fondo de esta controversia hay que regresar al escándalo que sacudió al fútbol mundial hace una década. El llamado FIFAGate destapó una red de corrupción que salpicó a directivos de todo el planeta y terminó con la salida de Sepp Blatter, quien había gobernado la FIFA durante casi dos décadas sin restricciones reales de tiempo.
Fue precisamente como respuesta a ese desastre institucional que la FIFA reformó sus estatutos e introdujo un límite estricto de mandatos para su presidencia. La idea era simple y directa: ninguna persona debería acumular tanto poder por tanto tiempo. Los reformadores de entonces presentaron ese límite como una conquista de la transparencia y la buena gobernanza. Hoy, esa misma reforma es el centro del litigio.
El argumento de Infantino y el de sus críticos
La posición del presidente actual parte de una lectura particular del reglamento: su primer ciclo al frente de la FIFA, argumenta, no debería contabilizarse dentro del límite porque fue un período de transición o incompleto. Bajo esa interpretación, todavía tendría margen para extender su gestión hasta 2031.
Sin embargo, los ex directivos de gobernanza y los juristas que han analizado el caso sostienen lo contrario. Para ellos, los estatutos no dejan espacio para interpretaciones creativas: el límite de tres mandatos es un límite de tres mandatos, sin asteriscos ni excepciones. Cualquier intento de eludirlo, advierten, sería una contradicción directa con el espíritu reformista que la propia FIFA prometió tras el escándalo.
El choque entre ambas lecturas no es menor. Se trata de decidir quién manda en el organismo que rige el deporte más popular del planeta, justo en un momento en que el fútbol mundial atraviesa transformaciones enormes: el Mundial de Clubes ampliado, el debate sobre el calendario internacional, las tensiones con las ligas europeas y la organización del Mundial 2026 en Norteamérica.
Por qué este momento importa más allá de Infantino
Lo que está en juego no es solo la continuidad de un dirigente. Es la credibilidad del modelo de gobernanza que la FIFA adoptó después de su peor crisis. Si los estatutos aprobados como garantía de transparencia pueden reinterpretarse para beneficiar a quien está en el poder, el mensaje que se manda hacia adentro y hacia afuera del fútbol es muy concreto: las reglas se doblan cuando conviene.
Para la afición mexicana, esto tiene una dimensión adicional. México es uno de los países anfitriones del Mundial 2026, y la estabilidad institucional de la FIFA impacta directamente en cómo se organiza, se promueve y se vive ese torneo. Un organismo enredado en una batalla legal por su propia cúpula no es el mejor escenario para afrontar el evento más grande en la historia del fútbol en suelo mexicano.
Además, el debate abre una pregunta más amplia sobre los límites del poder en el deporte organizado. La UEFA, las confederaciones regionales y los propios clubes observan con atención. Una FIFA que no puede aplicar sus propias reglas internas difícilmente puede exigir cumplimiento a nadie más.
¿Qué sigue ahora?
La batalla apenas comienza. Con el Congreso de la FIFA como escenario y 2027 como fecha clave, los próximos meses definirán si los estatutos se respetan tal como fueron escritos o si Infantino logra abrir una puerta que muchos consideran cerrada. Los ex directivos que levantaron la voz ya pusieron el tema sobre la mesa; ahora le toca al resto del mundo del fútbol decidir si lo toma en serio.
El trono del fútbol mundial rara vez se disputa con tanto ruido jurídico. Esta vez, el partido más importante no se jugará en ninguna cancha.



