El mercado de fichajes siempre guarda un giro dramático para el final, y esta vez se cayó lo de Igor Lichnovsky a Necaxa, dejando al defensor chileno en un limbo profesional que ha sacudido los cimientos de Coapa. Lo que parecía una salida pactada y elegante hacia Aguascalientes se transformó, en cuestión de horas, en un conflicto de intereses que obligará al Club América a tomar medidas drásticas para el Clausura 2026.
A pesar de que el central fue una pieza clave en la obtención del bicampeonato, la directiva azulcrema ha decidido no registrarlo para el próximo torneo, priorizando la liberación de una plaza de extranjero para inscribir al mediocampista brasileño Rodrigo Dourado.
la encrucijada del Club América
La narrativa de Igor Lichnovsky con las Águilas ha sido, desde el primer día, una montaña rusa de emociones. Llegó como un refuerzo de emergencia, casi por la puerta de atrás, y terminó alzando trofeos con una solvencia defensiva que enamoró a la grada. Sin embargo, la luna de miel terminó.

La directiva del América, encabezada por Santiago Baños, tenía un acuerdo de palabra con el Necaxa para que el andino se mudara a la ciudad del hidrorrayo. Todo estaba listo: los exámenes médicos programados y el contrato impreso. Pero, de último momento, las pretensiones salariales del jugador y ciertas cláusulas de rendimiento frenaron la operación en seco.
Este «frenazo» administrativo no es solo un problema logístico; es una bomba de tiempo deportiva. El cuerpo técnico liderado por André Jardine ha sido claro en su planificación para el Clausura 2026: el equipo necesita equilibrio en la zona medular, y ese equilibrio tiene nombre y apellido: Rodrigo Dourado.

El ex capitán de San Luis ya trabaja en Coapa para blindar el mediocampo americanista, pero para que el brasileño aterrice en la Ciudad de México, alguien tiene que salir. Al caerse la opción de Necaxa, el América se encontró con un jugador que no desea tener en la plantilla registrada, pero al que legalmente debe seguir pagando un sueldo estelar.
La respuesta de Igor ante la exclusión
Quien conoce a Igor sabe que no es un futbolista silencioso. A través de sus redes sociales y su ya famoso podcast, el chileno ha construido una marca personal que a veces choca con la disciplina institucional de un club tan celoso de sus formas como el América. Tras enterarse de que no entraría en los planes para el Clausura 2026, el central ha adoptado una postura de confrontación pasivo-agresiva.
Lichnovsky argumenta que su compromiso con el club fue total, incluso jugando infiltrado en momentos críticos. Su «modo rebelde» no implica faltar a los entrenamientos —lo cual le daría al club razones legales para rescindir su contrato sin indemnización—, sino que se manifiesta en una actitud desafiante ante el cuerpo técnico y mensajes crípticos en sus plataformas digitales que agitan a la afición.
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Igor sabe que tiene la sartén por el mango en el aspecto legal: su contrato está firmado y blindado. Si el América quiere que se vaya, tendrá que pagar una rescisión millonaria o convencerlo de un proyecto que le sea igual de lucrativo.




