La FIFA quiere abrir el fútbol a inversores privados y lo llama FIFA Forward Enterprise (FFE): una filial propia que consolidaría sus operaciones comerciales con un fondo superior a los 10 mil millones de dólares para las 211 asociaciones miembro. El problema es que UEFA, CONCACAF, la Confederación Asiática, la Federación Inglesa y la Francesa se enteraron por la prensa. Y ninguna está contenta con eso.
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¿Qué es FIFA Forward Enterprise y por qué genera tanto conflicto?
El proyecto consiste en crear una filial controlada por la FIFA para centralizar sus operaciones comerciales y de eventos. Si los 211 miembros lo aprueban, cada asociación recibiría 20 millones de dólares en financiación inmediata para proyectos especiales del programa FIFA Fast-Forward, más otros 20 millones del fondo Forward para el periodo 2027-2030 — más del doble de los 8 millones actualmente presupuestados. En papel, suena generoso.
Pero el conflicto no es la cifra. Es que Gianni Infantino y la cúpula de la FIFA diseñaron y filtraron el plan públicamente antes de consultarlo con los organismos que supuestamente deben aprobarlo. UEFA fue la primera en reaccionar con una frase que se convirtió en el resumen de todo: «Ninguno de nosotros es propietario del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo», dijo Alexander Ceferin, presidente de la UEFA y vicepresidente del Consejo FIFA — o sea, uno de los que tendría que votar sí.

La coalición contra Infantino: quién dijo qué
CONCACAF — el organismo que agrupa a las federaciones de México, Centroamérica y el Caribe, región anfitriona del reciente Mundial — fue directo: supo del proyecto únicamente a través de medios de comunicación y expresó estar «profundamente preocupada por la falta de debido proceso». Para una confederación que tuvo el Mundial 2026 en su patio, enterarse así no es un detalle menor.
La Confederación Asiática (AFC) sumó que iniciativas de esta «magnitud y trascendencia» deben basarse en principios de buena gobernanza. Por su parte, Philippe Diallo, presidente de la Federación Francesa, admitió no tener «ningún detalle» del proyecto y que este «genera muchas interrogaciones». La Federación Inglesa (FA) se mostró «preocupada» por la gobernanza. Cinco organismos distintos, un mismo reclamo: nos dejaron fuera.
Lo que une a todos estos actores — que en muchas otras discusiones no coinciden — es la sensación de que Infantino movió una ficha de este tamaño sin siquiera avisar. Si el proyecto finalmente se somete a votación, el presidente de la FIFA llega con mucho desgaste político encima.




