Edwin Cerrillo llegó al Club América con una historia que va más allá del contrato: el mediocampista nacido en Texas con nacionalidad mexicana reveló que el equipo azulcrema fue el sueño de su infancia, heredado de su padre, y que cuando su representante lo llamó para avisarle del interés de las Águilas, terminó llorando junto a sus papás. Así de pesado es el escudo del Nido.
La llamada que cambió su vida, en medio de la calle con su novia
Cerrillo contó que fue un miércoles ordinario: iba caminando a comer algo con su novia cuando sonó el teléfono. Era su representante. Le dijo que el América había preguntado por él. En ese instante no hubo duda: «Es el equipo de mis sueños desde niño, por mi papá. Sacábamos la tele, teníamos la carne asada, siempre fuimos americanistas. Para mí es un sueño hecho realidad», declaró el jugador en entrevista oficial con el club de Coapa.
Esa imagen —carne asada, tele afuera, familia americanista en el norte— dice más sobre el peso cultural del América que cualquier estadística de asistencia. Cerrillo no llegó al Nido como un jugador que acepta una oferta. Llegó como alguien que lleva el escudo desde antes de poder leerlo.
Lágrimas con sus papás y el Estadio Banorte como nuevo hogar
La reacción de sus padres al conocer la noticia fue, según el propio Cerrillo, de «sentimientos, emociones y lágrimas». No es hipérbole: para una familia que creció siendo americanista en Texas, ver a su hijo firmar con el equipo que consideraban «el más grande» es el tipo de cierre de ciclo que pocas veces ocurre en el fútbol profesional.
El mediocampista describió su llegada al Estadio Banorte como un momento inolvidable y dejó claro el tono con el que quiere comenzar su etapa en el equipo: «Estoy listo para jugar, luchar, pelear, competir en cada momento». Sin medias tintas, sin declaraciones tibias. Exactamente lo que el Nido necesita escuchar de un refuerzo.
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