Andrea Pirlo está a punto de convertirse en el nuevo entrenador de la selección italiana, con un contrato que lo ligará a la FIGC hasta 2030, según confirmaron La Gazzetta dello Sport, Sky Sport Italia y el periodista Fabrizio Romano. El anuncio oficial podría producirse en los próximos días, con el consejo federal como escenario formal. La misión es concreta y urgente: devolverle a Italia un Mundial, torneo en el que la Azzurra lleva 12 años ausente tras su última participación en Brasil 2014.
La tercera opción: por qué la FIGC llegó a Pirlo
El proceso de selección no fue sencillo ni lineal. La federación italiana, con Paolo Maldini y el asesor Leonardo —ambos excompañeros de Pirlo en el AC Milan— al frente del área técnica, primero fue por Carlo Ancelotti. Cuando ese camino se cerró, tocaron la puerta de Pep Guardiola, quien rechazó el cargo en parte porque pedía alrededor de €20 millones anuales, una cifra muy por encima del presupuesto de la federación. Pirlo, que firmará por €1.5 millones al año, fue elegido sobre opciones como Antonio Conte o Roberto Mancini precisamente por su perfil más joven y su apertura al fútbol moderno.
Lo que hace interesante el movimiento es que Maldini no está apostando solo por un nombre: el proyecto contempla una reconstrucción desde las categorías formativas sub-12 y sub-13, con un horizonte de 8 a 10 años. Pirlo es la cara visible de algo más grande. Y Maldini y Leonardo asumirán un papel activo en el vestuario para respaldar la autoridad de un DT que, hay que decirlo, llega con un historial irregular como técnico: ganó la Coppa Italia y la Supercoppa Italiana con Juventus en 2020-21, pero sus pasos por Fatih Karagümrük, Sampdoria en Serie B y el United FC de los Emiratos Árabes Unidos fueron cortos y sin brillo.
La crisis que Pirlo hereda: tres eliminaciones y 12 años sin Mundial
Italia no solo perdió un partido. Perdió un ciclo entero. La Azzurra quedó fuera del repechaje para el Mundial 2026 al caer ante Bosnia y Herzegovina en la tanda de penales (1-1 en tiempo reglamentario, 4-1 en la definición), consumando así su tercera eliminación mundialista consecutiva: primero fue Suecia en 2018, luego Macedonia del Norte en el minuto 92 de 2022, y ahora Bosnia. Cuatro veces campeona del mundo —en 1934, 1938, 1982 y 2006—, Italia lleva más de una década sin disputar un partido de eliminación directa en un Mundial.
En ese contexto de crisis estructural, la figura de Pirlo cobra dimensión simbólica. Como jugador disputó 116 partidos con la selección, participó en tres Mundiales y tres Eurocopas, y en Alemania 2006 fue una pieza central del título, recibiendo el Balón de Bronce como tercer mejor jugador del torneo. El desafío como DT es distinto y más pesado: su primer partido oficial al frente de la Azzurra será en la UEFA Nations League el 25 de septiembre de 2026, ante Bélgica como local, y desde ahí deberá construir un equipo capaz de clasificar al Mundial 2030 y volver a hacer de Italia una potencia respetada.
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