Prichard Colón murió a los 33 años. El exboxeador puertorriqueño llevaba casi una década en estado vegetativo después de que una pelea en 2015 contra Terrel Williams le provocara un daño cerebral que nunca se revirtió. Su muerte confirma lo que su familia llevaba años enfrentando en silencio: el ring lo dejó ir mucho antes de que su cuerpo lo hiciera.
Una pelea que no debió terminar así
Era el 17 de octubre de 2015. Prichard Colón peleaba contra Terrel Williams en Virginia y todo apuntaba a que era un paso más en una carrera que iba bien. Tenía récord de 16-0, era joven, era promesa. Pero algo pasó esa noche que el boxeo no supo —o no quiso— procesar a tiempo: Colón recibió golpes en la nuca de forma repetida durante varios rounds, algo que el reglamento prohíbe, y el árbitro no intervino con la velocidad que el momento exigía. Al terminar la pelea, Colón se quejó de malestar. Horas después estaba en el hospital con un hematoma cerebral.
Lo que siguió fue una de las historias más crudas del boxeo moderno. Colón fue sometido a cirugía de emergencia pero quedó con daño cerebral severo. Pasó de ser un atleta en forma a necesitar cuidados las 24 horas del día. Su madre, Nieves Colón, se convirtió en la cara pública de su caso, documentando durante años en redes sociales los pequeños avances —y los muchos retrocesos— de su hijo. la tragedia de los boxeadores que el deporte olvidó
Nueve años esperando una recuperación que nunca llegó
Durante casi una década, la familia de Prichard mantuvo viva la esperanza con actualizaciones intermitentes. Hubo momentos en que pareció haber señales de consciencia. Hubo momentos en que el mundo del boxeo volteó a verlos. Pero la recuperación significativa nunca llegó.
Su caso también abrió un debate que el boxeo profesional todavía no ha resuelto de forma satisfactoria: qué responsabilidad tienen los promotores, los árbitros y las comisiones cuando un peleador resulta con daño cerebral permanente en una pelea que se pudo haber detenido antes. Terrel Williams, por su parte, siguió peleando. Eso también forma parte de esta historia.

Prichard Colón murió joven, con 33 años, sin haber podido vivir la adultez que se supone que sigue a los veinte. Nueve años es mucho tiempo para esperar dentro de un cuerpo que no responde. Es también mucho tiempo para que una familia lo sostenga todo. Que su nombre circule hoy es lo mínimo que le debemos.
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