El legendario entrenador, cuya voz es ley en el gimnasio Romanza y en los anales del pugilismo mundial, no se anduvo con rodeos al asegurar que Naoya Inoue le dará una «paliza» al boxeador capitalino. En un deporte donde la diplomacia suele disfrazar las carencias, las palabras de Nacho resuenan como un eco de advertencia sobre la peligrosidad del nipón y el riesgo que corre Picasso al saltar demasiados escalones en su proceso de maduración.
Este sábado, bajo el cielo estrellado de Arabia Saudita, seremos testigos de un enfrentamiento que ha dividido opiniones, pero que para los ojos más expertos del gremio, parece tener un destino trazado de antemano. El «Monstruo» japonés, Naoya Inoue, se medirá ante la joven promesa mexicana David «El Rey» Picasso en una batalla que promete ser un punto de inflexión para ambos. Sin embargo, la nota discordante —o quizás la más honesta— la ha puesto don Nacho Beristáin.
boxeo mexicano ante el poderío del «Monstruo» japonés
Para quienes hemos pasado más de 15 años recorriendo las arenas de Las Vegas, los gimnasios de la Ciudad de México y los eventos magnos en Japón, la figura de Naoya Inoue no es solo la de un campeón, sino la de una fuerza de la naturaleza. Nacho Beristáin, quien ha forjado a leyendas como Juan Manuel Márquez y Ricardo «Finito» López, conoce mejor que nadie el aroma del peligro. Para don Nacho, David Picasso es un peleador talentoso y disciplinado, pero carece de la «maldad» y la experiencia en el fuego cruzado que se requiere para contener a un destructor de la talla de Inoue.
La preocupación de Beristáin no es gratuita. El análisis técnico nos muestra que Naoya Inoue posee una de las manos derechas más veloces y precisas del boxeo actual. No es solo la potencia, es la colocación. Inoue no lanza golpes al azar; disecciona a sus rivales.
En la talacha diaria del gimnasio, Nacho ha visto cómo la confianza puede ser el peor enemigo de un joven prospecto. Picasso llega invicto, con una carrera gestionada con cuidado, pero enfrentar a Inoue en Arabia Saudita es entrar en la fosa de los leones con un tenedor.

David «El Rey» Picasso representa una nueva estirpe de boxeadores. Estudiante de medicina, políglota y con una ética de trabajo impecable, ha cautivado a la audiencia mexicana que busca un nuevo ídolo. Sin embargo, en el boxeo, los grados académicos no te protegen de un gancho al hígado.
Mientras que Naoya Inoue ha unificado divisiones completas y ha noqueado a campeones mundiales probados como Nonito Donaire o Stephen Fulton, Picasso ha desarrollado su carrera principalmente en México ante rivales que, si bien son dignos, no pertenecen a la estratósfera del «Pound for Pound».

Pelea que definirá el rumbo de los supergallos
La sede de este combate no es un detalle menor. Arabia Saudita se ha convertido en el lugar donde las fantasías del boxeo se vuelven realidad gracias a los presupuestos ilimitados y la visión de su excelencia Turki Al-Alshikh. Para Naoya Inoue, es la oportunidad de consolidar su dominio en territorio neutral. Para Picasso, es la oportunidad de su vida, pero también una vitrina que puede ser muy cruel si se cumple el pronóstico de Beristáin.
Pelear en Riad, con toda la parafernalia de una megafunción, puede ser abrumador. He cubierto peleas donde el boxeador pierde el combate en el túnel hacia el ring. La presión mediática, el cambio de horario y el saber que el mundo entero está esperando ver otra exhibición del «Monstruo» japonés puede pesar toneladas sobre los hombros de un chico de 24 años.
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Nacho Beristáin insiste en que el equipo de Picasso está cometiendo un error estratégico de tiempos. «Al joven hay que llevarlo paso a paso, no lanzarlo a la trituradora solo porque la bolsa de dinero es grande», ha mencionado el entrenador. Y es que el boxeo es el único deporte donde un error de juicio en la oficina puede costarle la salud a un atleta en el cuadrilátero.















